“Nature” publica guía sobre pensamiento crítico

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2 out 2019
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La revista Nature publicó a principios de agosto un artículo de opinión, firmado por 25 investigadores, sugiriendo una serie de criterios y advertencias para la toma de decisión en cuestiones de política pública y salud, adaptadas al patrón oro de la investigación médica: el test controlado, randomizado, doble-ciego con grupo placebo, el popular RCT.

El artículo es muy bueno y vale la pena leerlo, pero como es largo y está escrito en inglés, vamos a hacer un resumen aquí. El principio básico es que los alegatos de eficacia y las propuestas para la solución de problemas - médicos, sociales, económicos, domésticos, usted elige - deben, siempre que sea posible, estar basados en la evidencia producida preferentemente por comparaciones justas.

La idea de comparación justa – aquella en la que los grupos evaluados tienen forma semejante, se encuentran en iguales condiciones y son tratados de forma idéntica, excepto en lo que se refiere a la intervención estudiada- es la base de los RCTs médicos. Generalizar el procedimiento específico de los tests para cuestiones sociales puede ser complicado (pero no imposible), pero el principio es algo que vale la pena tener en mente, aunque sea como un ideal a ser alcanzado.

También forman parte de la guía una serie de principios que, en los albores del siglo 21, cuatrocientos años después de la Revolución Científica y casi doscientos años después de que la profesión médica se haya convencido de que lavarse las manos salva vidas, deberían ser tan obvios como el hecho de que las gallinas tienen plumas y que los cerdos no vuelan. Pero no lo son. Son principios que deben ser aprendidos, repetidos y defendidos con uñas y dientes en el debate público. Algunos de ellos:

 

Las experiencias personales y los relatos aislados, por sí solos, no prueban nada;

El hecho de que una solución/terapia/intervención sea usada hace décadas o siglos, no implica que sea segura o eficiente;

El hecho de que una solución/terapia/intervención esté basada en un nuevo descubrimiento científico o en una tecnología maravillosa no implica que éstas sean seguras o eficientes;

Las opiniones de especialistas, autoridades o celebridades no bastan para sustentar un alegato;

Y el clásico absoluto:

¡Correlación no implica relación de causa-efecto!

O, como los autores de la guía escriben, “muchas personas no entienden que dos cosas pueden estar asociadas sin que necesariamente una cause a la otra”.

El artículo de Nature llama la atención sobre el hecho de que los medios -incluyendo publicaciones universitarias y el material de divulgación producido por institutos de investigación- perpetúan ese falso eslabón entre asociación y causa, principalmente como estrategia para “agitar” materias sobre dietas, salud y hábitos de consumo.

Notando que el público tiene dificultad para discriminar el grado de confiabilidad de diversos tipos de evidencia, la guía cita una investigación realizada en el Reino Unido que indicó que solo poco más de un tercio de la población británica confía en la investigación médica, mientras que dos tercios confían en las experiencias personales de amigos y familiares con remedios y tratamientos.

Sin embargo, no todos los problemas son comprendidos por el público en general, no adiestrado en las sutilezas del método científico o en las críticas clásicas de David Hume (1711-1776) en lo que se refiere a la facilidad con que hacemos inferencias injustificadas sobre regularidades de la naturaleza y relaciones de causa y efecto.

En la guía hay principios que hablan sobre algunos malos hábitos que frecuentemente se instalan en la práctica científica, por ejemplo:

Más datos no son, necesariamente, datos mejores;

Se debe prestar atención a los resultados principales, no a los indicadores indirectos (por ejemplo, aumentar la supervivencia del paciente es más importante que mejorar los resultados de su análisis de sangre);

Los estudios pequeños pueden llevar a conclusiones erróneas;

Los resultados de un único estudio, tomados en forma aislada, pueden llevar a conclusiones erróneas;

Declarar que un resultado es “estadísticamente significativo” o “no significativo” puede llevar a conclusiones erróneas

La revisión por pares y la publicación en un periódico científico no son garantía de que la comparación fue acertada.

Estos últimos puntos son especialmente importantes hoy en día, cuando los vendedores de panaceas, milagros estéticos diversos y defensores de terapias alternativas se esmeran en reunir “evidencia científica” a favor de sus bodrios.

La propia Nature, sin ir más lejos, ya ha publicado artículos revisados por pares afirmando que el ilusionista israelí Uri Geller era capaz, por medios paranormales, de adivinar correctamente los resultados de datos agitados  dentro de una caja cerrada; y que el agua es capaz de retener la “memoria” de materiales con los cuales tuvo contacto.

Vistos de forma aislada, cada uno de esos trabajos puede parecer revolucionario. En el contexto mayor de la ciencia, se reducen a curiosidades históricas y lecciones prácticas sobre errores metodológicos.

Lea también:

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El sutil arte de encontrar errores y cambiar de idea[1]

Sería muy bueno si la guía publicada fuera diseminada y pasara a fomentar discusiones, no solo sobre ciencia sino de política pública, sino también, en la medida de lo posible, sobre los procesos de toma de decisión por los cuales todos pasamos día a día. Sería una bocanada de aire puro en medio del miasma actual de prejuicio y arrogancia que pasa como evidencia en el discurso público en el que, para bien o para mal, todos estamos involucrados.

 

Carlos Orsi es periodista, editor en jefe de la revista Questão de Ciência.

 

Traducido por Alejandro Borgo.

 

[1]    Publicado en español: http://www.revistaquestaodeciencia.com.br/espanol/2019/06/14/el-sutil-arte-de-buscar-errores-y-cambiar-de-creencia

 

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