La ciencia de la relación entre mente y cerebro

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9 jul 2019

Primeira vinheta sobre mente-cérebro

Puede que usted nunca haya oído hablar del dualismo, pero es posible que acepte esa idea sin darse cuenta. La noción de que la mente y el cuerpo son entidades distintas es antigua y atractiva. Para comenzar, aparenta ser verdadera. Aparte de ello, una mente separada del cuerpo podría, en teoría, sobrevivir a la muerte biológica. Según una investigación de Datafolha, más del 60% de los brasileños cree en la vida después de la muerte. El dualismo también permite creencias sobrenaturales como fantasmas, proyección astral o la reencarnación.

Y no solo la creencia en entidades no físicas depende de ese concepto. La veracidad o no del dualismo puede determinar o condenar diferentes emprendimientos científicos –como permitir la transferencia de la mente a un ordenador, o destruir las esperanzas de una eventual inteligencia artificial autoconsciente.

El pensamiento dualista está más presente en nuestra vida cotidiana de lo que imaginamos. Pero ¿hay lugar para ese concepto en la investigación científica? Para responder a esa pregunta es necesario entender en qué contexto se inserta. 

El problema mente-cerebro

Segunda vinhetaEl principal debate sobre la mente versa sobre su naturaleza. ¿Es la mente “algo” o aquello que algo (el cerebro) hace? ¿Cuáles son sus propiedades? En filosofía, “consciencia” y “mente” suelen ser sinónimos y este es el abordaje usado en este texto. Pero en la lengua portuguesa (y castellana) la palabra “consciencia” se puede referir también al estado de vigilia, estar consciente de algo, o autoconsciencia.

Aquí, el término “Consciencia”, con mayúscula, será utilizado como sinónimo de “mente”, donde la autoconsciencia y el estado de vigilia son apenas parte de un concepto más amplio –de dolores y percepciones, como la visión y la audición, hasta creencias, deseos y el lenguaje. La Filosofía de la Mente también atribuye a la consciencia la noción de identidad (la percepción del “Yo”), las cualidades (las experiencias subjetivas y privadas) y la intencionalidad (la capacidad de tratar sobre algo, representar o estar dirigida a algo) [i].

La principal pregunta de este debate versa sobre de la relación entre la mente y el sistema nervioso. El problema mente-cerebro (o mente-cuerpo) existe porque esas dos entidades aparentan ser cosas completamente distintas. Mientras el sistema nervioso tiene propiedades físicas (masa, volumen) y está sujeto a las leyes de la física (gravedad, entropía), la mente no. Imaginar eventos futuros no pesa. Una creencia no oxida. El problema mente-cerebro está ligado al llamado “problema difícil de la Consciencia”, que separa aspectos mentales considerados más “fáciles” de explicar (atención, percepción de objetos) que aquellos que todavía son un misterio para la ciencia (percepción del “Yo”, subjetividad).

Terceira vinheta

Existen muchas teorías sobre la naturaleza de lo mental, pero es posible agruparlas en tres enfoques: reduccionismo, funcionalismo y fenomenología. El primero intenta reducir la mente a los procesos cerebrales. Algunos, como Paul y Patricia Churchland, llevan esa reducción al extremo, sugiriendo que la mente es apenas un problema lingüístico, y ni siquiera existe. En el funcionalismo, el foco son las funciones que ejecuta el sistema nervioso –o sea, la mente es lo que hace el cerebro. Esa es la posición de filósofos como Daniel Dennett. Y en la perspectiva fenomenológica residen las teorías que se niegan a reducir la mente al cerebro incluyendo, aunque no limitándose a, teorías dualistas.

El reduccionismo y el funcionalismo son considerados enfoques fisicalistas, porque asumen que todo lo relacionado a la realidad forma parte de un mundo que está afectado por las leyes de la física y puede ser explicado por ellas –una visión alineada con el proceso científico. En el fisicalismo, la Consciencia estará inevitablemente sujeta a esas mismas leyes, de una forma u otra, lo cual coloca la postura fisicalista en directa oposición al dualismo. 

Conociendo el dualismo

El término “dualismo” se refiere a la idea de que algo posee dos categorías de cosas, distintas una de la otra. Si un objeto tiene ciertas características físicas (inercia), para un dualista existe “algo” en el objeto que posee otros atributos que la materia física no comparte (no sufrir el paso del tiempo, por ejemplo). Ese es el motivo por el cual creencias sobrenaturales como fantasmas presuponen algún tipo de dualismo. Para que una entidad llamada “fantasma” exista, necesita tener propiedades completamente diferentes de las que conocemos en el mundo físico, y no someterse a las mismas leyes.

Pero hay un gran obstáculo que debe ser superado por el dualista. Si pienso que necesito tomar un vaso de agua, mi cuerpo responde de acuerdo; si veo una película triste, me pongo triste, aun sabiendo que los personajes no existen. Si la mente y el cerebro son tan distintos, ¿cómo pueden afectarse entre sí? Para explicar esta relación, los dualistas suelen recurrir a tres explicaciones: mente y cerebro interactúan (interaccionismo); mente y cerebro no interactúan (paralelismo); y mente y cerebro interactúan solo en un sentido (epifenomenalismo). 

Quarta vinheta

En el primer caso, el sistema nervioso influye sobre la mente y viceversa. El problema con esa afirmación es que implica necesariamente causa y efecto entre ambos, pero realmente no hay cómo explicar la influencia de uno sobre el otro. Un taco empuja una bola de billar porque ambos están sujetos a la misma ley de acción y reacción. Si la mente no sufre acción ni reacción, ¿cómo puede influir sobre el cerebro (y viceversa)? Esa fue la mayor crítica que se le hizo al francés René Descartes, el padre del dualismo moderno.

Quinta vinheta

Una alternativa para responder a ese problema es que no hay ninguna interacción, y la relación es solo aparente. Mente y cerebro son dos sustancias con eventos diferentes que ocurren en paralelo, dando la impresión de que una causa a la otra. Ese argumento fue sostenido por Leibniz y es el más anti-intuitivo. Aparte de ser difícil creer que la interacción mente-cerebro sea solo una ilusión, ¿qué (o quién) mantiene ese paralelismo, incluso cuando un científico induce determinada acción, sensación o emoción estimulando artificialmente una región del cerebro?

sexta vinheta

El epifenomenalismo es la explicación más moderada, donde la mente es un “epifenómeno”, esto es, un subproducto del funcionamiento del sistema nervioso. Así, solo el cerebro influye sobre la mente, no a la inversa. Ese concepto tropieza con dos problemas: es difícil que la mente no influya sobre el cuerpo, toda vez que éste reacciona a lo que hace la mente; y no posee ninguna ventaja evolutiva.

Dualismos moderados

La interacción entre mente y cerebro es un obstáculo para quien defiende la versión más fuerte del concepto, el dualismo de sustancia, formulado por Descartes. Pero hay variedades de dualismo que intentan sortear la noción de una mente hecha de algún tipo de sustancia inmaterial, y el problema de la interacción.

El dualismo de propiedades establece que, aunque exista solo un tipo de sustancia, ésta presenta dos tipos de propiedades: físicas y mentales. Para algunos, como David Chalmers, debemos considerar lo mental como una propiedad del mundo físico, así como el electromagnetismo y el espacio-tiempo.

Otros afirman que el dualismo entre lo mental y lo físico es solo lingüístico, o sea, cerebro y mente son la misma cosa, pero no es posible reducir las descripciones mentales a las descripciones físicas. Es lo que defienden filósofos como Jerry Fodor y Donald Davidson. Esa versión más débil, el dualismo de predicados, es también llamada “fisicalismo no reduccionista”.

Teorías de la mente sobrenatural

La ciencia requiere hipótesis que puedan ser puestas a prueba, experimentos y evidencias para establecer la verdad de un conocimiento. En general, las alegaciones del dualismo no pueden ser puestas a prueba y, a pesar de que el fisicalismo tiene sus proprios problemas, hay por lo menos un punto de partida unánime: la noción de que la Consciencia es producto de la evolución, y debe haber sido seleccionada porque favoreció la reproducción y el pasaje de los genes hacia el futuro.

Pero si el dualismo no fuera una explicación de la naturaleza de lo mental, ¿por qué el cerebro evolucionó para creer que tiene una existencia separada del cuerpo? Las principales evidencias científicas sugieren que el dualismo está ligado a la percepción de estados mentales propios y a la inferencia de estados mentales de otros. En el ambiente en que evolucionó el sistema nervioso humano, ser capaz de reconocer cuándo algo es un ser vivo, y si es o no una amenaza, es una ventaja inmensa. Inferir la presencia de la mente en otros seres proporciona esa ventaja. Pero para entender que otros tienen mente, necesitamos también entender que nosotros tenemos mente.

Steven Mithen propone que la evolución de la Consciencia se dio en tres fases[ii]: inteligencia general, un conjunto de reglas básicas para tomar decisiones; inteligencias especializadas, que funcionaban aisladas unas de otras; y conexión entre las inteligencias especializadas, cuando pasaron a trabajar en conjunto. Mithen también sugiere algunas inteligencias especializadas de la fase dos: una naturalista, capaz de comprender el mundo natural; una técnica, para la fabricación y manipulación de utensilios; y una social para interactuar con otros individuos. La inteligencia social incluiría módulos capaces de inferir estados mentales en otros.

En la fase tres, el autor sugiere que hubo un salto significativo de la humanidad cuando las inteligencias pasaron a integrar conocimientos unas de las otras. Combinando informaciones de las inteligencias técnica y social, fue posible desarrollar complementos con intenciones culturales y religiosas. En la combinación de las inteligencias naturalista y social, fue posible atribuir la mente al ambiente y a fenómenos naturales –tendencia conocida como antropomorfismo.

Bruce Hood se ocupó de otra tendencia cognitiva, el esencialismo[iii]. Esa capacidad de atribuir una “esencia” a objetos y seres se ejemplifica en dos estudios del autor: la reacción a una prenda de vestir usada anteriormente por un asesino, y una “máquina de duplicar” falsa, creada para entender cómo los niños percibían una “copia exacta” de sus animales de peluche favoritos. En el primer estudio, la mayoría de las personas se negó a usar una prenda de vestir en óptimo estado cuyo dueño fuera (supuestamente) un asesino cruel –y no sabían explicar el porqué del rechazo. En el segundo, la mayoría de los niños creía que sería posible copiar aspectos físicos de su animalito de peluche, pero no su “mente”.

Hood sugiere que el esencialismo evolucionó, en parte, para lidiar con cuestiones relacionadas a la contaminación. Inferir que algo posee una “esencia” que puede ser transmitida a otros ayuda a deducir peligros invisibles del mundo natural cuando no se sabe lo que son los virus, las bacterias o los venenos. Nuestros cerebros actualmente pueden racionalizar peligros para los cuales tenemos explicaciones científicas, pero todavía tenemos el instinto de evitar cualquier tipo de contaminación –incluso algo que sea abstracto como la “maldad”. Y lo opuesto también funciona: el autor describe ejemplos de cómo tendemos a querer tocar, usar o estar cerca de objetos que pertenecieron a personas notables, o considerados sagrados.

El esencialismo es una buena explicación para nuestra tendencia a creer en lo sobrenatural, pero no es la única. Aiyana K. Willard y Ara Norenzayan estudiaron cómo se relacionan cuatro tendencias cognitivas diferentes, ligadas a creencias religiosas/sobrenaturales: teoría de la mente (inferir estados mentales de otros), pensamiento teleológico (inferir que existe un propósito en el universo), antropomorfismo y el dualismo mente-cuerpo. De las cuatro tendencias cognitivas, la presencia de dualismo fue lo que más permitió prever la presencia de las otras tres, sugiriendo que, cuanto más fuerte es la creencia en una mente separada del cuerpo, más probable es la creencia en entidades sobrenaturales.

Lo que nos han mostrado las evidencias a lo largo de décadas es que existe un sesgo dualista porque el cerebro humano evolucionó para inferir la mente en otros, y en nosotros mismos. Pero ese sesgo no es una prueba de la naturaleza dualista de lo mental, y sí una peculiaridad favorecida por la selección natural.

La ciencia de la Consciencia

Antonio Damásio[iv] y V.S Ramachandran[v] describieron diversas condiciones clínicas que involucraban lesiones cerebrales y alteraciones de Consciencia, entre ellas el mutismo acinético (donde el estado de vigilia parece intacto, pero el cuerpo no se comunica con el ambiente externo) y los automatismos epilépticos (episodios de ausencia de Consciencia mientras el individuo se mantiene realizando tareas de forma automática). En ambos se mantiene el estado de vigilia, pero no la autoconsciencia.

En la anosognosia, el paciente, con parte del cuerpo paralizado, no consigue reconocer su parálisis. En la prosopagnosia, el paciente no reconoce rostros, pero el problema no son las vías que identifican rostros, sino la conexión emocional con rostros conocidos. Lo inverso a ese daño (conexión emocional intacta y lesión en las vías que identifican rostros) ocurre en el síndrome de Capgras, donde el paciente reconoce a un familiar, pero cree que éste fue sustituido por un doble. Y en la asomatognosia, los pacientes tienen episodios epilépticos donde pueden dejar de sentir que tienen un cuerpo.

Vale mencionar también condiciones menos raras, como el síndrome del miembro fantasma, donde individuos con miembros amputados continúan sintiendo dolor en el miembro inexistente, y la sensación de presencia fantasmagórica –que no requieren lesión cerebral para manifestarse. Recientemente, los científicos consiguieron inducir esa condición estimulando una región del cerebro, el córtex temporoparietal, en pacientes sanos, y demostraron que la “sensación de presencia”, común en relatos de fantasmas, es causada por un error de percepción del propio cuerpo.

Las investigaciones de Damásio con esas y otras lesiones cerebrales lo llevaron a teorizar que la Consciencia emerge de la actualización constante de las informaciones sobre los estados internos y externos del organismo. Con eso, propuso que la mente funciona en tres “capas”: el protoself,, que registra los cambios de estado del organismo; el self central, que genera la percepción del yo situado en el presente; y el self autobiográfico, cuando el self central se conecta con la memoria, creando la historia de vida. Es a partir de ella que funciones superiores como creencias y lenguaje son posibles. La Teoría de la Consciencia de Damásio parece ser la más cercana para explicar la generación de la mente a partir de mecanismos ya conocidos por la ciencia.

Dualismo en la investigación científica

Incluso entre los fisicalistas, ciertos aspectos de la perspectiva dualista terminan “deslizándose” en conceptos-clave utilizados hoy por las neurociencias. El ejemplo más emblemático es la presuposición de representaciones mentales.

La representación mental es un tema demasiado complejo para este texto. No hay una teoría unificada, pero la idea general es que el sistema nervioso transforma actividad “bruta” de las neuronas en representaciones abstractas como creencias, deseos y pensamientos (una comparación posible sería con un algoritmo de ordenador).

Lawrence Shapiro alerta sobre el hecho de que tales “algoritmos mentales” flirtean peligrosamente con una concepción dualista del mundo[vi]. A pesar de ser un presupuesto en la investigación neurocientífica, las representaciones mentales todavía son un constructo hipotético, difícil de ser puesto a prueba.

Pero ello no significa que el dualismo tenga alguna ventaja sobre el fisicalismo –al contrario. Las evidencias de que la actividad del cerebro genera la mente se acumulan más y más, especialmente con el advenimiento de la resonancia magnética funcional (fMRI). La fMRI proporcionó un salto en los descubrimientos neurocientíficos, al permitir la visualización de la actividad cerebral en tiempo real, y su uso ha conseguido resultados prometedores, incluso para aspectos de la Consciencia antes considerados infranqueables.

En 2018, Roger Koenig-Robert y Joel Pearson fueron capaces de prever qué tipo de imagen escogería un individuo estudiando su actividad mental. Los investigadores demostraron que la fuerza subjetiva de la figura imaginada puede ser prevista a partir de patrones de actividad neuronal en el córtex visual primario, sugiriendo que la variación subjetiva de la imagen pensada está directamente influenciada por patrones de actividad sensorial.

Última vinheta

Se puede argumentar que esos resultados explican aspectos de la Consciencia, pero no la propia Consciencia. Puede ser. Pero estamos llegando allí. En marzo de 2019, los investigadores detectaron un patrón de actividad cerebral distinto solo cuando los pacientes están conscientes. Los resultados arrojan dos conclusiones importantes: existe una actividad cerebral particular del estado de vigilia, que es lo suficientemente distinta para ser teorizada como una “firma” de la Consciencia; y, si esa firma de hecho corresponde a la Consciencia, la visión fisicalista de la mente se corrobora de forma definitiva.

La ciencia señala un camino para la naturaleza de lo mental que no es el mismo del dualismo. No hay dudas de que la Consciencia es generada por la actividad del sistema nervioso, y que el cerebro influencia la mente y viceversa. Y hasta incluso la realidad de las representaciones mentales ha sido desafiada en los últimos años, por explicaciones alternativas que involucran interacciones en tiempo real del organismo con el ambiente. Se puede argumentar que todavía no sabemos lo que es la Consciencia, pero hay información suficiente para saber lo que probablemente no es.

Rafael Rodrigues es Licenciado en Filosofía por la Universidade do Sul de Santa Catarina y posgraduado en Neurociencias del Lenguaje por la Universidade de Caxias do Sul. Es guionista/escritor de historietas, redactor y escribe sobre divulgación científica, Filosofía de la Ciencia y Filosofía de la Mente.

 

Artículo traducido por Alejandro Borgo.

NOTAS

[i] MASLIN, K.T. Introdução à Filosofia da Mente. 2ª edição. Porto Alegre: Artmed, 2009.

[ii] MITHEN, Steven. A pré-história da mente: Uma busca das origens da arte, da religião e da ciência. São Paulo: Editora Unesp, 1998.

[iii] HOOD, Bruce M. Supersentido: Porque acreditamos no Inacreditável. Ribeirão Preto: Novo Conceito, 2010.

[iv] DAMÁSIO, António. O mistério da Consciência: Do corpo e das emoções ao conhecimento de si. São Paulo: Companhia das Letras, 2000.

[v] RAMACHANDRAN, Vilayanur S. O que o cérebro tem para contar:Desvendando os mistérios da natureza humana. Rio de Janeiro: Zahar, 2014.

[vi] SHAPIRO, Lawrence. Embodied Cognition. Nova York: Routledge, 2011.

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