La mentira de las terapias cuánticas

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26 mai 2019
Película Scanners
El poder de matar con la fuerza del pensamiento aparece en películas y libros de ciencia ficción

Scanners es una película canadiense de 1981, del director David Cronenberg, que cuenta la historia de personas provenientes de experimentos de laboratorio capaces de mover objetos, y hasta matar, solamente con la fuerza del pensamiento (los fans de la serie “The Big Bang Theory” recordarán al personaje Sheldon Cooper intentando realizar esa hazaña). Es muy común encontrar personas que se divierten con películas o series de TV que abordan esos temas paranormales, y los ven claramente como ficción, pero que realmente creen que pueden realizar cosas en su vida cotidiana solamente con el poder de su pensamiento.

 Está claro que uno puede usar su pensamiento y decidir ir a la panadería para comprar el pan, pero aquí no me refiero a ese tipo de influencia mental. Escribo sobre la idea equivocada de que el pensamiento puede tener una acción fantasmagórica para, por ejemplo, mover objetos sin la necesidad de contacto físico o generar energías capaces de operar curas milagrosas.

Esa acción fantasmagórica, expresión acuñada por Einstein para referirse a ciertos efectos observados en el campo de la mecánica cuántica, es constantemente invocada en otros contextos para vender alguna estafa. La creencia de que la consciencia humana puede afectar directamente la realidad física de las cosas, creencia que podría representar simplemente una excentricidad más sin mayores consecuencias, ha sido asociada, de forma espuria, a los fenómenos cuánticos, para hacer que engaños diversos se confundan con la ciencia y con la medicina basada en la evidencia.

Una simple búsqueda con los términos “cuántica” y “salud” en Google, devuelve más de 1 millón de links. Incluso existe una revista dedicada a la salud cuántica y una universidad con un curso sobre este asunto. La manera como esos espacios intentan pasar una idea equivocada, o una pseudociencia, para el público general, sigue un determinado patrón que podemos -por ejemplo- identificar en un texto de la Revista Saúde Quântica.

En el texto “Salud y cura a través de energías y frecuencias”, dos tercios están dedicados a presentar diversos conceptos, muy bien establecidos en física, para atrapar al lector incauto. El texto comienza con la dualidad onda-partícula, pasa por el Big-Bang, aceleradores de partículas, fotones, teoría de cuerdas, colapso de la función de onda y estados excitados de átomos. Y, como en un texto pseudocientífico no podrían faltar los argumentos de autoridad, el autor encuentra la forma de citar a Max Born, Erwin Schrödinger y Einstein, físicos ganadores del Premio Nobel, y al filósofo Platón.

En caso de que usted no haya entendido lo que el autor escribió, quedándose con la sensación de que la culpa es suya por desconocer conceptos complejos, entonces parte de la misión del texto ya se cumplió: al mezclar, de manera incorrecta e imprecisa, diversos términos de las física, el texto se disfrazó de ciencia.

Vestiéndola con ropaje científico, el autor comienza a relacionar conceptos de la mecánica cuántica con el esoterismo: energía metafísica (prana), chi (o gi) y medicina energética. Las creencias de que el pensamiento tendría una acción sobrenatural sobre la salud son utilizadas, al final del texto, para establecer una conexión con la biología y la medicina: “Una Física de la Salud, por lo tanto, en caso de que fuera introducida en la Medicina, con base en el hecho de que la vida y sus procesos son movidos por energías y frecuencias, sería determinada menos por procesos de sustancias y más por procesos de energía, visto que las estructuras celulares necesitan energía para ejecutar sus funciones”. El problema es que nada de esto tiene sentido.

De hecho, las estructuras celulares necesitan energía para ejecutar sus funciones. Esa energía proviene de los alimentos que consumimos y de diversas fuentes, dependiendo de la duración de la actividad física. Para actividades de corta duración, como una carrera de 100 metros lisos, la energía proviene básicamente de la conversión de ATP en ADP y de la hidrólisis de la glucosa. En actividades de mayor duración, como una maratón, la quema de grasas ya comienza a tener un papel dominante sobre los procesos anteriores. La energía mencionada en este párrafo proviene de procesos bioquímicos y no está relacionada con ninguna frecuencia asociada a las energías esotéricas.

La mecánica cuántica (o física cuántica) recibió este nombre para distinguirse de la mecánica creada por Isaac Newton, llamada newtoniana o clásica. La mecánica cuántica tuvo su inicio a comienzos del siglo XX, y reveló una serie de reglas según las cuales funciona el mundo de los protones, electrones, átomos y núcleos atómicos.

La mecánica cuántica tal vez sea una de las teorías más probadas en la física y, aunque su nombre se haya vuelto bastante popular entre las personas en general, podemos arriesgar –con una probabilidad muy baja de error– que la inmensa mayoría del público no sabe exactamente lo que ella verdaderamente dice o significa.

Este desconocimiento permite que la mecánica cuántica sea utilizada para propagar ideas falsas. Los conceptos que se aplican al mundo de los átomos no pueden simplemente ser extendidos a nuestra vida cotidiana. El mundo macroscópico en que vivimos, a pesar de que usamos diversas tecnologías basadas en la física cuántica (GPS, resonancia magnética, radioterapias, etc.), es clásico –no existe un “salto cuántico” en su vida.

Sin embargo, existen ramificaciones de esa asociación entre ideas místicas y mecánica cuántica que pueden tener consecuencias desastrosas. Cuando una empresa anuncia, por ejemplo, un “colchón cuántico: magnéticos, ortopédicos con infrarrojos de onda larga, energía biocuántica y sistema de vibroterapia con 18 posiciones de masajes con control remoto”, está “solamente” usando un lenguaje que suena como jerga científica para aumentar sus ventas, pero en verdad no tiene nada de ciencia.

Los organizaciones de defensa del consumidor quizá tengan algo que decir sobre eso, pero el producto probablemente no causará grandes daños a la salud humana. Sin embargo, cuando algunas pseudociencias reconocidas -apoyadas también por la asociación espuria con la mecánica cuántica- comienzan a interferir en tratamientos bien establecidos de la medicina convencional, entonces la situación se vuelve extremadamente grave.

Un excelente estudio publicado en el Journal of the American Medical Association Oncology demuestra que la utilización de terapias complementarias en casos de cáncer aumenta dos veces el riesgo de muerte del paciente, en comparación con pacientes que no las utilizan. El problema surge cuando el paciente, al adoptar esas prácticas integradoras y complementarias, abandona alguno de los procedimientos de la medicina convencional. Es importante mencionar que prácticas reconocidas por el Consejo Federal de Medicina, pero sin respaldo de la comunidad científica, como la homeopatía y la acupuntura (ésta, en la versión sin agujas y utilizando cristales), también se utilizan aplicando de forma indebida la física cuántica para disfrazarse de científicas.

En su libro más reciente, "Ciência na Alma" (Ciencia en el Alma), publicado en Brasil por la Companhia das Letras, Richard Dawkins escribe: “La ley castiga a quien difama a un individuo conscientemente, pero deja libre y suelto a quien gana dinero mintiendo sobre la naturaleza -que no puede llegar a una demanda en la justicia”. De hecho, si la naturaleza no tiene voz activa, las sociedades científicas la tienen. De este modo, junto con las cartas de protesta sobre la falta de dinero para la investigación, esas asociaciones científicas, principalmente aquellas ligadas a la física, deberían tomar una posición contraria a la mala utilización de la palabra “cuántica” (y sus variantes) en todas esas prácticas de carácter dudoso.

Marcelo Yamashita es doctor en Física, profesor del Instituto de Física Teórica (IFT) de la Unesp y miembro del Consejo Editorial de la Revista Questão de Ciência.

Traducido por Alejandro Borgo

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