Superchería, religión y supresión de la libertad

22 mar 2019
Español
Aprisionados

Cautivos de creencias infundadas

Las pseudociencias o falsas ciencias, es decir, aquellas disciplinas que hacen pasar por ciencias, restringen los grados de libertad de las personas que creen en ellas. Así, la astrología, que no es una ciencia, se basa en dos hipótesis básicas: 1) que la fecha y hora del nacimiento de una persona determina su personalidad y su futuro, y 2) que los planetas influyen sobre nuestro carácter y nuestros actos. La astrología es esencialmente determinista, es decir, si sus postulados fueran ciertos nuestro futuro estaría determinado por la posición de los planetas a la hora de nuestro nacimiento, restándonos grados de libertad. Seríamos meros títeres sujetos a los “caprichos” de los planetas.

Los astrólogos tienen “estrategias” para enfrentar las preguntas complicadas, y han inventado un eslogan que dice: “los astros impelen pero no compelen”, creyendo que este frágil argumento los exime de caer en el determinismo. Pero no es así. La conclusión más cercana a la realidad es que si nuestro futuro depende de dónde están Saturno, Marte y los demás planetas a la hora de nacer, la astrología es determinista y nada podemos hacer para evitar un futuro que ya está jugado. Si uno acepta la astrología, está reconociendo —a sabiendas o no— que sus grados de libertad han disminuido considerablemente.

Lo mismo ocurre con el tarot, que algunos hasta lo llaman “tarot científico”. Si las cartas dicen lo que nos va a pasar, deberíamos concluir que una nueva tirada, debería mostrar las mismas cartas que salieron en la primera, cosa que es difícil que ocurra. Si las cartas hubieran salido de otra manera en la nueva tirada, ¿habría cambiado nuestro futuro entonces? De esta forma, es dudoso que un mazo de cartas, sean de tarot, españolas o de cualquier índole, pueda predecir lo que nos va a pasar. Si la primera tirada se contradice con la segunda o la tercera, no podemos confiar en esta “técnica de adivinación”. Otra vez quedaríamos sujetos a un determinismo que paradójicamente, cambia con cada nueva tirada. ¿Cuál es la verdadera entonces?

astrologia y tarot
La astrología y tarot, las mancias más conocidas con pretensiones de cientificidad

Detrás de toda esta parafernalia de mancias, está lo que se conoce con el nombre de “pensamiento mágico”, que no es otra cosa que un pensamiento irracional, esotérico, reñido con el conocimiento científico actual.

Algo parecido ocurre con las predicciones hechas por videntes y adivinos: ¿cómo podríamos hacer para evitar la predicción de un accidente? Si el accidente inevitablemente va a ocurrir, no lo podríamos evitar y seríamos otra vez víctimas de un determinismo supuestamente infalible. No tendríamos ninguna posibilidad de sortearlo. Y si no se cumple, entonces la predicción carecería de validez. Hay cientos de predicciones fallidas. ¿Qué pasó entonces? El adivino predijo algo que finalmente no sucedió, lo cual indica que nuestro futuro no está determinado, al menos eso es lo que sugiere un análisis detallado de todas las predicciones presuntamente infalibles que no se cumplieron: que íbamos a ganar la Guerra de las Malvinas, que el papa Juan Pablo II sufriría otro atentado luego del de 1981, que la deuda externa argentina iba a estar saldada para 1994, como afirmó Horangel y tantas otras.

Gurúes y otros “maestros”

Las librerías están llenas de textos en los que algunos gurúes te dicen con un aire de pseudoprofundidad lo que tenés que hacer, o cómo tienes que llevar tu vida, sean religiosos o gurúes que se dedican a la consultoría. Algunos de los primeros, como Jim Jones, el que perpetró la masacre de Guyana y consiguió el suicidio y asesinato de 900 personas, son realmente peligrosos. Las personas que creían en él no eran necesariamente “enfermos” o “locos”. Pero fueron sometidos a un proceso de manipulación evidente. Algo parecido pasó con la secta “Heaven’s Gate” (La Puerta del Cielo), que debido a las enseñanzas de su líder, Marshall Applewhite, hizo que 39 personas se suicidaran pensando que una nave extraterrestre, que supuestamente pasaba junto a al cometa Hale-Bopp, los iba a llevar a un sitio donde supuestamente iban a estar mejor. Si ves los videos, dichas personas estaban contentas, felices, por pasar a otro “plano”. Entregaron todas sus pertenencias y se dejaron castrar. La pregunta es: ¿eran libres esas personas? ¿Tenían la capacidad de evaluar crítica y concienzudamente lo que estaban por hacer?

 

jim jones
Jim Jones, quien perpetró la masacre de Guyana

 

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Marshall Applewhite, líder de la “Puerta del Cielo”

Lo que pasa alrededor de gurúes como el Sai Baba y otros es común a varios cultos: aislamiento del sujeto respecto del mundo exterior, control de la conducta, manipulación del pensamiento y del comportamiento, persuasión coercitiva... es decir, nada más ni nada menos que una clara restricción a los grados de libertad del individuo. El sometimiento a los dictados de un “elegido”, que frecuentemente se entromete en nuestra vida privada aconsejándonos sobre espiritualidad, sexo, vida conyugal, aplicando premios a nuestro comportamiento servil y castigos a las conductas “inapropiadas” es un claro ejemplo de paulatina perforación mental destinada a que nuestro juicio crítico desaparezca y transformándonos en meros autómatas, carentes de independencia.

También los gurúes que se dedican a la consultoría para empresas, hacen algo parecido,  aunque camuflado con una supuesta “teoría científica” y un esgrimido background académico: bajan línea a los empleados y con firuletes verbales, dejan bien claro qué tienes que hacer y qué no. Varias veces me tocó participar de ese tipo de seminarios o talleres, pero recuerdo especialmente una:

Un señor profesional, entrado en años, nos hablaba con voz firme y pausada de lo sorprendente que resultaba Internet y el mundo de las comunicaciones modernas, donde hoy podíamos saber al instante que en Bangladesh estaban muriendo niños de hambre. Entonces le pregunté si el hecho de saberlo “al instante” podría solucionar la situación de esos chicos. La respuesta fue: “acá no se habla de política”.

Realmente ejemplificador.

La mecánica de los líderes es crear una aureola que combina carisma, firmeza, calidez, tolerancia y sabiduría, es decir, una especie de ser humano cuasi-divino que es poseedor de una verdad “revelada”, inexpugnable,  indiscutible, a la cual los adeptos o miembros del grupo deben someterse sin dudar, porque para estos cultos, dudar es peligroso, así como para los gobiernos, los partidos políticos, las autoridades de una empresa o para cualquier otra organización monolítica.

Pero la duda puede resultar incómoda incluso para las personas en general. Una de las cosas más intolerables para el ser humano es la incertidumbre, respecto del presente o del futuro.

La búsqueda de protección y paternalismo

Los seres humanos podemos buscar protección y paternalismo aquí, en la Tierra, pero también en los Cielos. Así, las religiones llamadas monoteístas, como el cristianismo, el judaísmo o el islamismo, tienen como figura máxima e innegable a un dios al que le asignan tres características: todopoderoso, omnisciente y benevolente. Es decir, un ser que todo lo puede, todo lo sabe y que nos ama y quiere el bien para la Humanidad entera. A juzgar por como va el mundo, no es fácil combinar lógicamente a las tres. Ya hemos mencionado al problema del mal, inexplicable si sostenemos que hay un dios benevolente.

Las religiones por así decirlo, “tradicionales”, tienen como base fundamental un dogma, es decir una doctrina indiscutible, inmodificable, resistente a los argumentos racionales y a la evidencia contraria, que permanece inmutable por los siglos de los siglos. Está plasmada en los textos sagrados, como la Biblia, el Corán o la Torá. Permaneciendo inmutables eternamente, son letra muerta en el sentido de que se mantienen indiferentes a los cambios que se han producido en el mundo desde que fueron escritos. Contienen reglas morales de conducta tales como los 10 mandamientos y otras esparcidas a través de sus páginas. Sin excepción, la desobediencia a esas reglas o mandamientos traerá como consecuencia el castigo divino. De esta manera, nos encontramos con la noción de “pecado”, que es lo que cometemos al desobedecer o violar la ley divina.

Es evidente que a lo largo de la historia las religiones y los seres humanos que ocupan cargos jerárquicos en ellas se han preocupado por infundir sentimientos aversivos en las personas: culpa, temor, miedo al castigo, fanatismo, todos los cuales nos quitan grados de libertad. Como individuos libres, debemos actuar de acuerdo a convicciones propias y no impuestas compulsivamente por ninguna institución, cosa que las religiones se han encargado de prohibir, o en el mejor de los casos advertir, con amenazas (el infierno, el castigo eterno, etc.), sobre las consecuencias de actuar contra las enseñanzas divinas. Por lo tanto, seguir la palabra de los textos sagrados es restringir nuestra libertad, de pensamiento y de acción.

Resulta llamativo que hoy día, ninguno de los “7 pecados capitales”, la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, no sean considerados crímenes por la ley moderna. Y resulta contradictorio que la ira sea un pecado cuando en el Viejo Testamento nos encontramos con un dios esencialmente vengativo, perverso, dispuesto a desplegar su furia contra todo aquel que no le obedezca, hasta al punto de ordenar a Abraham asesinar a su propio hijo para “probarlo”, es decir, hasta dónde llegaría Abraham en su lealtad hacia dios. ¿Llegaría a matar a su hijo? Si en vez de dios, el personaje fuera un mafioso de Chicago en los años 20, que amenaza a un cliente que no le pagó con matar a su hijo, la historia resultaría más “razonable”, pero en esencia, es lo mismo.

La búsqueda de paternalismo a través de la religión, esto es, la necesidad de tener un padre todopoderoso que nos protegerá, nos cuidará, pero a cambio nos exigirá cosas que van contra la naturaleza humana, irremediablemente nos quita libertad. Claro, la noción de pecado está tan inmersa en la cultura, que hasta cuando nos casamos, una de las premisas que nos leen en voz bien alta es que debemos prometer ser fieles... ¡Cuánta hipocresía! Basta echar una mirada al complejo mundo de las relaciones interpersonales para darse cuenta de que mujeres y hombres salen y se acuestan unos con otros siendo solteros, casados, estando con o sin pareja.

De ahí que haya un ensañamiento especialmente perverso respecto del sexo y la sexualidad por parte de las religiones. Como dice el actor Al Pacino, interpretando al demonio en la película El abogado del Diablo:

¿Qué dice Dios? Mira, pero no toques. Toca, pero no pruebes. Prueba, pero no tragues.”

Claro, en el mundo real vemos algo completamente diferente: la mayoría de la gente, sea creyente o no, mira, toca, prueba y traga, como es esperable que lo haga. Así, se crea una doble moral perniciosa, donde las personas se acostumbran a esconder sus sentimientos y deseos mientras se empeñan en mostrar una imagen inmaculada y dan consejos y emiten juicios sobre las acciones de otras personas. De modo que podemos establecer una suerte de ley:

Ley de la razón hipocresía-libertad: a mayores niveles de hipocresía, menores grados de libertad.

Es una cadena compleja, pero toda hipocresía institucionalizada terminará en una restricción de los grados de libertad.

 

Rol del pensamiento mágico en la obstrucción de la libertad

El pensamiento mágico, como columna vertebral de la superstición, las cábalas, las mancias y las pseudociencias (desde la astrología hasta el charlatanismo en política y economía) se convierte en una obstrucción para la libertad, una suerte de cadena que nos ata a lo irracional, lo esotérico y a las verdades “reveladas”. Seguirlo a rajatabla puede costar vidas, no solamente para aquellas personas que se someten a tratamientos o terapias “alternativas” sin eficacia alguna, sino para cualquier ciudadano que esté a merced de un gobierno totalitario o populista que fomente el fanatismo o la persecución de quien piensa distinto, basándose en teorías no fundadas tal como lo hizo el nazismo respecto de la “raza superior”.

Por otra parte, creer a rajatabla en las pseudociencias, en posesiones diabólicas, en exorcismos para conjurarlas, en rituales, en medicinas secretas “infalibles”, nos enajena de la realidad. Eso lo saben los charlatanes, por eso acuden a la desesperación o ignorancia de la gente frente a una enfermedad o situación difícil. Ellos saben que las personas que están pasando por algún problema grave son más fáciles de convencer por medio de alguna promesa mágica. Si la solución suena demasiado fácil, si no hay que hacer nada para curarse, si el tratamiento se presenta como inocuo, indoloro y sin efectos secundarios, hay que desconfiar. Y lo peor es que hay charlatenes con diploma, que son los más peligrosos. Habrán oído hablar de tratamientos para dejar de fumar o adelgazar con láser y terapias de “rejuvenecimiento” ofrecidas por médicos con diploma, recibidos en la universidad. Sin exagerar,  podemos afirmar que estos profesionales trabajan con licencia para matar, o por lo menos con un permiso en forma de diploma para sacarnos mucho dinero a cambio de resultados frustrantes.

Lo mismo deberíamos decir de las promesas de políticos, economistas, ministros y otros funcionarios:

Lo que suena fácil y maravilloso quiere llegar al sentimiento antes que a la razón.

Así, en plena campaña electoral, nos dirán con firmeza que la solución para el problema de la contaminación ambiental, está a la vuelta de la esquina y que harán el trabajo necesario durante su gestión para que la contaminación disminuya. Luego de las elecciones, veremos las promesas diluidas en polvo. Esto ya ha ocurrido en la Argentina respecto de la “limpieza” del Riachuelo, del cual se iba a poder beber agua en 1.000 días...

Por lo antedicho, es seguro que el pensamiento mágico es un atentado contra nuestros grados de libertad. Por lo tanto, cuanto más lejos nos mantengamos de él, menos probabilidad tendremos de vivir en cautiverio, presos de ideas irracionales y propuestas irrealizables. Es decir, seremos más libres para estar atentos a la realidad y solucionar nuestros problemas tomando decisiones acertadas.

 

Alejandro Borgo es periodista, escritor e investigador de la pseudociencia y el pensamiento crítico. Actualmente es Director del Center for Inquiry/Argentina. Dirigió Pensar, revista iberoamericana para la ciencia y la razón, publicada por el Committee for Skeptical Inquiry (CSI), y de El Ojo Escéptico, publicada por el Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP). Escribió 3 libros relacionados con la pseudociencia y el pensamiento crítico publicados por editorial Planeta. Participó como columnista en varios programas de televisión y radio y en Congresos Nacionales e Internacionales sobre escepticismo y librepensamiento

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